Modelos en Economía

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos.

Del rigor en la ciencia

Jorge Luis Borges

 

En economía uno de los problemas educativos más esenciales que me he encontrado, de mi experiencia como estudiante y docente, es el rechazo que provocan, en una parte relevante de los estudiantes, los modelos teóricos que se enseñan en los grados universitarios. Este no es un problema trivial, en primer lugar, porque afecta a su rendimiento académico, ¿Por qué estudiar algo que considero inútil? En segundo lugar, porque pienso que parte del problema es generado por el profesorado, en tanto que no deje clara la motivación fundamental para estudiar su asignatura mediante teorías. Y, finalmente, porque es un problema filosófico en cuanto que cuestiona el método por el se trata de obtener el conocimiento económico. En esta entrada, me limito a reflexionar por qué creo que es importante estudiar economía mediante modelos teóricos[1].

Una de las críticas más recurrentes se basa en el hecho de que dichas teorías no se asemejan a la realidad, puesto que se basan en supuestos irreales. Por lo tanto, ¿Por qué debería creerme sus conclusiones? Pues no deberías necesariamente creerte todas sus conclusiones. No obstante, tienes que ser consciente que el modelo que estás estudiando quiere explicar solo ciertos hechos de la realidad. Por ejemplo, el modelo de Solow quiere explicar cual es la causa que está detrás del crecimiento económico a largo plazo; y no está entre sus objetivos exponer por qué existe el desempleo o por qué Francia ganó el mundial del 98. Cuando estudies, y juzgues, un modelo económico es imprescindible conocer cuál es el hecho económico primordial que pretende explicar. En este sentido, el modelo de Solow es una gran herramienta para comprender que el crecimiento a largo plazo no puede basarse únicamente en la acumulación de capital. Medir las contribuciones de un modelo en base a su capacidad para explicar toda la realidad equivaldría a juzgar las capacidades deportivas de Cristiano Ronaldo en base a su conocimiento del cálculo integral[1].

Ahora bien, ¿Por qué simplificar el problema? ¿Por qué asumir supuestos irrealistas? Estudiar completamente la realidad económica es imposible, debido a la incapacidad para tener en cuenta todas las variables que determinan e interrelacionan las decisiones humanas. Es por eso que no existe el modelo, sino un modelo económico. El relato inicial de Borges da exactamente en el clavo: si pretendo guiarme con un mapa, sería inútil mantener en el papel la escala real del terreno. Sin embargo, en palabras del propio Robert Solow[2]: “el arte de teorizar con éxito consiste en seleccionar los supuestos inevitables de tal manera que los resultados finales no sean muy sensibles. Un supuesto crucial es aquel del que dependen sensiblemente las conclusiones, y es importante que los supuestos cruciales sean razonablemente realistas”. Es decir, lo que es realmente importante es identificar cuáles son los supuestos principales en los que se sustenta tu conclusión fundamental. Por ejemplo, si el modelo neoclásico concluye que la asignación de recursos tomada por los agentes privados es eficiente, y esto depende crucialmente de qué las decisiones de un agente no afecten directamente a la utilidad del resto. Entonces, razonablemente, no me creo esa conclusión del modelo. Sin embargo, sí aprecio que esa teoría ha servido para construir otras más sofisticadas. Y, además, me motiva a indagar en otras más realistas como, en este ejemplo concreto, las aportaciones de la teoría de juegos. “La economía es una colección de modelos; disfrutemos su diversidad” [3].

En tercer lugar, creo que una de las causas fundamentales por las que todos nos hemos visto atraídos a desdeñar la teoría económica se basa en la sobrevaloración de nuestras propias facultades. Sin un modelo económico; es decir, sin una serie de supuestos sobre la realidad, así como el análisis lógico de las consecuencias de los mismos, cualquier discusión económica se asemejaría a una charla de café. Es decir, hablaríamos sin parar sobre hechos y conclusiones sin conocer realmente sobre qué creencias se sustentan, y muchos términos de la conversación serían ambiguos. En realidad, todo análisis que hagamos sobre la realidad se basa ineludiblemente en una serie de hipótesis y conceptos. Además, si somos descuidados el análisis de los mismos no tiene por qué ser lógicamente válido. La ventaja de la teoría económica es que explicita tus creencias, define de forma clara y distinta tus conceptos, facilitando su comunicación, y te obliga a realizar un análisis formal [4]. Por otro lado, que la economía sea una ciencia social no significa que no podamos exponer nuestros razonamientos de forma matemática. Esto se debe a dos motivos. En primer lugar, la economía tiene en cuenta consideraciones cuantitativas. En segundo lugar, si aceptamos que las matemáticas son un lenguaje, entonces cualquier concepto económico podría transmitirse en términos matemáticos[5]. Pensar en términos de teorías económicas estructura y facilita nuestro razonamiento, contribuyendo a nuestra capacidad crítica.

Finalmente, los modelos económicos deben acompañarse de evidencia empírica. Y, al mismo tiempo, sirve como guía de la misma. Dice Sherlock Holmes que “es un error capital teorizar antes de tener toda la evidencia, sesga nuestro juicio[6]. Del mismo modo, la motivación de los modelos económicos se basa en observaciones históricas. Y su fin es racionalizar cuál podría ser una de las causas. Pero no solo esto, los modelos también incentivan la investigación empírica. Tanto como forma de testar sus hipótesis y conclusiones, como de estimar parámetros concretos. En cuanto a los primeros, por poner un ejemplo concreto, podemos pensar en los experimentos de Daniel Kahneman, Amos Tversky o Richard Thaler, que han contribuido a la economía incorporando, entre otras muchas cosas, aspectos psicológicos al comportamiento individual, y testando la hipótesis de racionalidad, muy común en modelos económicos. Respecto a los segundos, pensemos en los estudios que tratan de estimar el multiplicador fiscal[7], tan importante en relación a la política fiscal de cualquier gobierno.

En conclusión, como forma de estudiar y comprender fenómenos económicos, hasta el momento es difícil imaginar un análisis serio que prescinda de los ingredientes esenciales de una teoría económica: supuestos, definiciones y formalización. Ignorarlos supone sembrar ambigüedad y, posiblemente, error en el juicio. Por lo tanto, un empeoramiento del análisis económico.

[1] Es la última analogía futbolística que utilizo en esta entrada, lo prometo.

[2] Solow, Robert M. 1956. A Contribution to the Theory of Economic Growth. The Quarterly Journal of Economics 70: 65-94.

[3] Rodrik, Dani. 2017. The Economics Debate, Again and Again. Dani Rodrik’s Weblog. Available at https://rodrik.typepad.com/dani_rodriks_weblog/2017/12/the-economics-debate-again-and-again.html

[4] Tirole, Jean. 2017. Economics for the Common Good. Princeton University Press. Pp. 105-108.

[5] Arrow, Kenneth J. 1952. Mathematical Models in the Social Sciences. Stanford University Press: 129-154.

[6] Conan Doyle, Arthur. 2004. A Study in Scarlet & The Sign of the Four. Wordsworth Classics. P.20.

[7] Ramey, Valerie A. 2019. Ten Years after the Financial Crisis. The Journal of Economic Perspectives 33: 89-114.

[1] En contraste, no voy a argumentar aquí por qué creo que debemos utilizar modelos económicos en la práctica. Es decir, basar la política económica en teorías económicas.

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