¿Sería Keynes keynesiano?

La historia del pensamiento económico es, cada vez de forma más frecuente, apartada del programa de estudios de la mayoría de las universidades, tanto españolas como extranjeras (especialmente en los programas de posgrado, donde se concibe como una asignatura de “entretenimiento” que difícilmente podría competir por uno de los escasos huecos disponibles).

Entre las múltiples virtudes que puede proporcionar esta rama de conocimiento se encuentra, sin duda, la de conocer el recorrido histórico tanto de teorías económicas como de conceptos fundamentales, dando la posibilidad de enfocarlos con amplitud de miras y desde la perspectiva de quien sabe los debates y las discusiones que los han llevado a convertirse en lo que son hoy.

Un caso particularmente interesante tiene que ver con la evolución y metamorfosis de la llamada Economía Keynesiana. Un primer vistazo parece señalar a lo evidente: la Economía Keynesiana no sería ni más ni menos que la teoría económica propuesta por Keynes. Sin embargo, una mirada algo más en detalle nos muestra como la primera versión de la Economía Keynesiana, esbozada en La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero [1] tiene poco que ver con su estado actual. El análisis a través del tiempo de tres de los elementos centrales de la Economía Keynesiana (política monetaria, flexibilidad de los salarios nominales y pleno empleo) nos ayudará a vislumbrar estas diferencias.

1) La transformación de las contribuciones de Keynes

La posición de Keynes con respecto a estos tres temas se encuentra resumida en el Capítulo 19 de la Teoría General. Este capítulo es, además, de vital importancia, pues en él se relaja por primera vez el supuesto de la rigidez salarial, por lo que gran parte del éxito a la hora de alcanzar el objetivo de Keynes (demostrar que la rigidez salarial no es la causa del desempleo involuntario) depende de la robustez de los argumentos planteados aquí (nótese lo poco intuitivo que esto resulta: en una obra cuyo objetivo es demostrar que el desempleo involuntario no es causado por la existencia de rigideces salariales, se realiza prácticamente la totalidad del análisis asumiendo que los salarios son rígidos. Solo es a partir del Capítulo 19 – de 24 – cuando se relaja este supuesto).

Analíticamente, para Keynes el efecto de una reducción salarial (dada la cantidad de dinero) es el mismo que el efecto de una política monetaria expansiva (manteniendo el nivel de salarios constante). Por tanto, ambas herramientas de política económica estarían sujetas a las mismas restricciones (de nuevo, solo en términos analíticos, pues más adelante nos señala Keynes que teniendo en cuenta las restricciones institucionales y las prácticas actuales “solo una persona necia e injusta preferiría una política de salarios flexibles a una política monetaria flexible, a menos que pueda señalar ventajas que se puedan obtener de la primera y no de la segunda”). Para comprender las implicaciones de esta afirmación, es preciso apuntar al rol central que juega la teoría de la preferencia por la liquidez en el argumento de Keynes. Para Keynes, la curva de preferencia por la liquidez (curva de demanda de dinero) puede ser perfectamente elástica para cualquier nivel de tipo de interés. Cuando esto ocurre, una política monetaria expansiva (o, análogamente, una reducción en los salarios nominales) no puede afectar al tipo de interés y por tanto modificar la inversión. Como consecuencia, tanto las políticas de flexibilidad salarial como las políticas monetarias expansivas resultan ineficaces a la hora de alcanzar un estado continuo de pleno empleo.

La transformación de la “Economía de Keynes” a la Economía Keynesiana es el resultado de un doble proceso. En primer lugar, podemos encontrar la interpretación realizada por Hicks (1937) de la Teoría General de Keynes y el nacimiento del modelo IS-LM. En segundo lugar, se encuentra el artículo publicado en 1944 por Modigliani, del que de la interpretación del modelo IS-LM fluyen conclusiones diferentes.

En Hicks [2], las mecánicas descritas por el modelo Keynesiano son reducidas a un caso particular dentro del modelo IS-LM (eliminando, ya de forma temprana, la pretensión de “Teoría General” que Keynes tenía en mente). En el modelo de Hicks, la curva LM tiene ahora dos secciones: en primer lugar, es horizontal, para más tarde convertirse en una curva con pendiente positiva. De esta forma, la trampa de la liquidez solo tendría efecto cuando la economía se situase en la sección horizontal (allí donde hay un tipo de interés mínimo). Es en este caso, particularmente durante las recesiones, nos dice Hicks, y renombrando así a la Economía Keynesiana como la “Economía de la Depresión”, cuando una expansión monetaria puede fallar en su objetivo de incrementar la producción y el empleo.

La segunda fase que acabaría por transformar la Economía de Keynes en la Economía Keynesiana tuvo lugar en el artículo publicado en 1944 por Modigliani [3]. Ahora, la única causa del desempleo involuntario se encuentra en la rigidez salarial. Además, la teoría de la trampa de la liquidez cobra un papel menor y el llamado caso Keynesiano en Hicks se vuelve una excepción. De hecho, el modelo Keynesiano es ahora caracterizado por una oferta de trabajo horizontal hasta el pleno empleo y el mecanismo necesario para alcanzarlo es un incremento en la cantidad de dinero, con el objetivo de ajustar el salario nominal y la oferta de dinero.

2 )La desaparición de la Economía de Keynes

Como resultado de esta “mutación”, las recomendaciones de política económica de la Economía Keynesiana pueden ser muy diferentes de las recomendaciones de política económica del propio Keynes. Como ejemplo, la expansión monetaria ha pasado de resultar ineficaz (aunque preferible a una reducción salarial) a convertirse en la vacuna contra el desempleo. La rigidez salarial ha pasado de ser una recomendación de política económica a ser el supuesto culpable del desempleo involuntario. Las causas de este proceso de transformación se encuentran fuera del foco de análisis de esta breve entrada, pero podemos concluir que, sin miedo a realizar una afirmación demasiado arriesgada, el éxito de la Economía Keynesiana ha sido, al fin y al cabo, la derrota de Keynes.

 

 

Pablo Álvarez

 

 

Referencias

[1] Keynes, J. M. (1936). The General Theory of Employment, Interest, and Money.

[2] Hicks, J. R. (1937). Mr. Keynes and the “Classics”.
Econometrica, Vol. 5, No. 2, pp. 147-159.

[3] Modigliani, F. 1944. “Liquidity Preference and the Theory of Interest and Money”. Econometrica 12.1:44–88.

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