Salud, dinero y amor

Por fin pasó. Año de dudas, incertidumbres, replanteamientos personales, sanitarios, económicos…Sobre todo y para todos, como decía aquel anuncio de la prestigiosa marca de refrescos. De un modo u otro hemos sido invitados a realizar una especie de pit stop o parada en boxes durante la cual nos ha dado tiempo a echar de menos un poco de movimiento. ¿Pero de quién? ¡Ritmo! ¿Cardiaco cómo dirían los médicos? Casi casi.

 

FECHA DE CONSULTA: Fin de ese año. Qué año. Sí. 2020.

MOTIVO DE CONSULTA: Revisión programada.

ANAMNESIS Y ANTECEDENTES RECIENTES SIGNIFICATIVOS

Crisis finisecular, crack del 29, posguerra, crisis del petróleo, Gran Depresión versión 2008. Situación actual: Pandemia global, crisis sanitaria.

Podríamos tener la osadía de pensar que esto no va con nosotros. Sin embargo, el binomio inseparable de Economía y Sanidad viene de lejos.

En el siglo XVII, el prestigioso médico William Harvey describió con exactitud el funcionamiento del sistema circulatorio. Los alimentos no se transforman en sangre como se pensaba hasta el momento sino  que existe un flujo circular de la sangre a través de todo nuestro cuerpo. Si a los diferentes tejidos no les llega sangre oxigenada, estos no pueden realizar sus necesidades biológicas. En definitiva, si la sangre colapsara en algún punto del circuito, se produciría un  trombo, seguido muy probablemente de un ictus. O un infarto. En definitiva: crisis.

Posteriormente, en el siglo XVIII, François Quesnay, médico de la corte de Luis XV tenía entre sus aficiones la economía. Versatilidad laboral que diríamos en estos tiempos. Se le considera fundador de la escuela fisiócrata, defendiendo que la riqueza de una nación provenía de la agricultura. Como buen cirujano, estudió los descubrimientos de Harvey, lo que le llevó a realizar el primer intento de esquematizar el funcionamiento del sistema económico. En su obra más representativa, Tableau Economique, plasmó la idea inicial de lo que hoy denominamos flujo circular de la renta. Los agentes económicos,-simplificando, el sector doméstico, el privado y el público- intercambian entre ellos bienes, servicios y factores de producción a cambio de una remuneración. Y ésta constituye un flujo monetario, que si dejara de circular podría desembocar en un círculo vicioso de pobreza.

Cada uno de los agentes económicos, estamos de un modo u otro interconectados, así como lo están todos y cada uno de los tejidos de nuestro cuerpo. Así como el corazón bombea sangre a todo nuestro cuerpo, así como todo lo que afecte a una parte de nuestro cuerpo nos afecta en mayor o menor medida en nuestra totalidad, el trastorno de una parte de la economía, se transmite al resto del sistema.

EXPLORACIÓN

Respecto del sistema económico, tras la caída del PIB del 21.6% en el segundo trimestre (tasa interanual), se produjo un crecimiento de la producción hasta alcanzar el -9%. Sin embargo, ésta ha sufrido deterioro al finalizar el año debido a la evolución de la pandemia y las medidas de contención puestas en marcha. Las proyecciones macroeconómicas de la economía española realizadas por el Eurosistema aventuran, en el mejor de los casos, que la recuperación de los niveles de crecimiento previos no se alcanzarán hasta principios de 2022, mientras que el escenario denominado severo, posterga la recuperación más allá de 2024.

En otro orden, se ha producido un aumento del desempleo, alcanzando una tasa del 16,13% según el último dato disponible (INE – EPA), previéndose una evolución de perfil similar al del PIB. Se observa un descenso del número de contratos en Diciembre respecto del mismo mes del año anterior, y un aumento de las prestaciones del SEPE.

En cuanto a los precios, la inflación presenta tasas de crecimiento moderado. Y las finanzas públicas por su parte, hacen visible su deterioro financiero habiéndose incrementado fuertemente el déficit público.

La incertidumbre sobre cuándo se podrá restablecer cierta normalidad no es baladí, y no son pocos los motivos para pensar en ella. Primero los rebrotes junto a los avances técnicos y los procesos de vacunación. En segundo lugar, los cambios estructurales que se instauren tras la coyuntura, con especial hincapié en la destrucción de tejido industrial a mayor y menor escala. En consecuencia, preocupa el grado de adaptación de los distintos agentes económicos a esta situación. En tercer lugar, existen factores externos, tales como el Brexit, y las políticas fiscal y exterior que podría adoptar la nueva administración estadounidense. Por último, se presentan dudas respecto de la absorción de los fondos y la aplicación del Plan de Recuperación para Europa (el denominado NGEU, Next Generation Europe Union) en los Presupuestos Generales del Estado, destinado tanto a la inversión pública, como a la privada, así como a sufragar los servicios corrientes.

En el sistema sanitario, la presión a que han sido sometidos los establecimientos y sus profesionales ha sido manifiesta dejando en entredicho su presunto eficaz funcionamiento.

El confinamiento y la crisis económica han supuesto una prueba de madurez para la sociedad que en muchos casos ha derivado en trastornos depresivos, alimenticios e incluso suicidios.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

En anteriores crisis, cuando todos los sectores desfallecían, el turismo y la hostelería presumían de su holgada supervivencia. Hoy no es posible realizar tal afirmación. Pese a todo, no debemos enfrentar la visión sanitaria y la económica. Ni blanco, ni negro, siempre en la búsqueda de un perfecto gris, ya que el colapso de cualquiera de estos dos ámbitos ocasionaría la muerte cerebral del paciente y por tanto las medidas de contención han de procurar conciliar la recuperación de ambos sistemas.

El tratamiento ha de ser aplicado globalmente, aunque la posología indicada para cada agente no será la misma. Por una parte, se debiera realizar gasto público, pero también reducir el incremento del mismo, lo que no significa una política austericida tal y como defienden los seguidores keynesianos sino la implementación del criterio de prudencia económica. Si queremos mantener y atraer inversión, industria e innovación, sería necesario crear incentivos fiscales para que esto suceda. Y por otra parte, se debería fomentar una formación enfocada a la excelencia, que redundaría en un empleo de calidad. Todo ello junto con la responsabilidad individual de cada persona forman parte de un perfecto engranaje al estilo de lo que Adam Smith denominó interés propio, del cual nace el interés general.

Qué duda cabe que la evolución sanitaria de la pandemia condicionará la actividad económica en el corto y largo plazo, sobre todo y para todos…

Salud, dinero y amor. Quien tenga esas tres cosas, que siga la recomendación de la canción.

Los primeros vienen de la mano, ¿y el último? Quién sabe. ¿Quizás sea la clave? Altura de miras, esfuerzo, generosidad, empatía, comprensión y diálogo para lograr verdaderos puntos de encuentro podrían constituir el complemento perfecto al tratamiento necesario de nuestra sociedad.

 

                                                                                                          Estela Hernández García

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