Aprender a aprender

Este artículo comienza con una historia. Es la historia de nuestro amigo, porque todos tenemos un amigo así: el que quiere aprobar y no lo consigue, el que va siempre apurado en época de exámenes, el que vive siempre al límite del 5, haciendo malabares y manteniendo el equilibrio como un funambulista, entre la gloria y la tragedia.

Esta historia comienza con una conversación cualquiera, pero muy común conforme se aproxima la fecha de los exámenes de evaluación de la Universidad.

“Hola, ¿Cómo estás? ¿Qué tal llevas los exámenes?” ­­­– Le preguntan a nuestro amigo.

“Bueno, ahí van, aunque creo que me ha pillado el toro.” – Responde él.

“Me ha pillado el toro”, dice. Qué curiosa expresión. Me pregunto quién fue el pobre desdichado que, al evaluar sus resultados, tras un período de exámenes largo e intenso, concluyó que lo experimentado era similar a que un morlaco de 600 kilos te envista un buen revolcón.

¡Qué exagerado! – Dirán algunos.

En absoluto, piensa nuestro amigo.

Y es que el infeliz lo ha intentado todo, pero no ha sido suficiente. Sin que sea meritorio señalarlo, el tipo ha ido a clase, ha tratado por todos los medios cumplir con la utopía de llevarlo todo al día e incluso se ha sentado en las primeras filas junto a los más empollones, a ver si así se le pega algo.  Aun así, no ha sido capaz de lograr su plan: tener un conocimiento sólido y consolidado a pocos días de los exámenes.

Nuestro amigo está algo frustrado: quiere y no puede. No obstante, no para de buscar consejo. Todavía recuerda cuando decidió preguntarle al más listo de la clase. Un tipo que le cae tremendamente mal porque es insoportablemente perfecto. Demasiado. Incluso es buena persona. Es un tipo que no solo saca las mejores notas, sino que además le da tiempo a todo: colabora en un grupo de voluntariado, organiza las mejores fiestas, tiene novia y es jugador de hockey sobre hierba.

¿Se puede molar más? – Se pregunta.

No obstante, le cae bastante mal. Aún recuerda aquel día cuando se acercó a él y, mostrándole su admiración por sus capacidades, le preguntó:

  • Pero tío, ¿Cómo lo haces? ¿Cómo sacas tan buenas notas? Él le miró, y con cierta indiferencia, respondió:
  • “Estudiando”. Y se fue.

El caso es que nuestro amigo sigue dándole vueltas a aquella breve sentencia, intentando descifrar la verdadera clave del éxito de aquel perfecto cretino.

El problema es que el período de exámenes ha comenzado y de una forma más o menos afortunada y algo accidentada, nuestro querido compañero ha sorteado algunos exámenes y ha tenido que dejar otros para verano. Si al menos aprueba el último, el descalabro no habrá sido máximo. El problema es que apenas cuenta con un día para estudiarse 150 folios.

Llegada la noche, bastante agotado y aturdido, acude al teléfono de la esperanza, al comodín del público. Es decir, llama a su gran amiga en busca de algún consejo salvador.

Al escuchar su voz, nuestro amigo le pregunta lo típico, que qué tal lo lleva, aunque sabe perfectamente que ella ha memorizado hasta la bibliografía de la asignatura. Sorprendentemente, ella le responde que “lo lleva regular” y que está muy nerviosa ante la posibilidad de quedarse en blanco en el examen.

Él sabe con total certeza que, cuando salgan las notas la semana que viene, ella no bajará del 9. Pero bueno, aunque da cierta rabia, también la quiere a rabiar porque es buena persona y siempre está ahí cuando se la necesita. También todos tenemos una amiga así.

Ella le pregunta lo mismo: que qué tal.  Y entonces, nuestro héroe sin capa se sincera, y le dice que, si al día siguiente él estuviera en medio de una batalla a punto de comenzar, con miles de guerreros armados hasta los dientes…, él sería el del tambor…

Pese a todo, nuestro amigo no pierde la fe, y en ese estado de desesperación, le pregunta a su amiga qué piensa que va a caer en el examen. Como ella se lo sabe todo, ha detectado qué tiene más relevancia y le aconseja. Para disimular su absoluta ignorancia, nuestro amigo va afirmando hipócritamente según le va relatando:

– “Es verdad, yo creo que esto no es importante”-.

– “Ah sí, esto lo tengo subrayado, sí”.

Incluso juega a ser catedrático y suelta perlas como:

– “Bah, yo este tema no lo pondría”.

Claro, querido amigo, el que nunca pondrá un examen en su vida, se atreve a pronosticar, pero tristemente, cuando tienes tantos temas por estudiar, jugar a ser profesor es la única forma de ganar cierta esperanza.

Nuestro amigo se despide de ella deseándola suerte. Ella se irá a dormir. Él pasará la noche estudiando, en busca del milagro. Para ello, se abastece de lo esencial: un termo de café, varios subrayadores y posits que pega en la pared con diversos mensajes:

Algunos amenazantes reiterando lo que le repite su madre constantemente:

  • ¡Tu hermana ya es abogada! ¡A ver tú para cuándo!

Otros, más motivantes:

  • ¡Mañana a estas horas estarás de barra libre!

Y así, con más pena que gloria, trata de aguantar toda la noche siendo consciente de que le ha pillado el toro, los cabestros y hasta la indolente vaquilla del Grand Prix…

Para ayudar a nuestro amigo, para que aprenda a aprender, es importante conocer algunas estrategias que potencian esta habilidad. No todos somos iguales y existen factores genéticos, culturales y ambientales que condicionan esta capacidad. No obstante, no todo está perdido.

 

Fuente: @VisualizeValue (1)

            “Todas las cosas son difíciles antes de que sean fáciles”. Sí, a priori es verdad. No implica que siempre lo sea, pero sirve para reflejar que cualquier cosa nueva que aprendemos conlleva una dificultad inicial que, una vez superada, facilita, aunque no siempre garantiza, la adquisición de nuevos conocimientos relacionados con la misma materia.

Fuente: Presentación “Aprender a aprender” (2)

Uno de los principios más importantes que podemos saber sobre cómo funciona el aprendizaje y cómo funciona nuestra memoria es que aprendemos conectando la nueva información que estamos recibiendo con los conocimientos que ya tenemos, conectándolos por relaciones semánticas, por relaciones de significado. (3) En la imagen se representa el nivel de conocimiento de dos personas. Una de ellas, es principiante en una materia concreta y por ello, posee menos conexiones de conocimiento que aquella que ya es experta en la misma. Ante una nueva información, la persona experta en la materia tiene la capacidad de crear un mayor número de conexiones que la persona principiante y, asimismo, le resulta más fácil comprender y consolidar la nueva información que a la inexperta. (2) Estas conexiones que hacemos entre la nueva información y la que ya sabemos ayudan a recuperar el contenido estudiado. Por ello, cuanto más se sabe sobre algo, más fácil nos resulta hacer conexiones nuevas de información relacionada con esa temática. (3) Ahora bien, que seas un crack del ajedrez no te convierte en un erudito de las matemáticas, ni viceversa. Ser un portento del ajedrez te facilita adquirir nuevos conocimientos sobre esa disciplina. Y no ser un erudito de las matemáticas no te incapacita para poder aprender sobre ello. ¿Esto quiere decir que todo el mundo puede ser Einstein si se esfuerza mucho? No. Quiere decir que, si nuestro amigo piensa que es un negado para las matemáticas, posiblemente lo sea, pero seguramente se deba a que posee carencias de base, donde no ha consolidado correctamente las conexiones de conocimiento iniciales, más que a su propia incapacidad o ausencia de virtudes. Nunca será Einstein, pero seguramente, tampoco sea el inútil que piensa que es.

“Curva del olvido” y “curva de aprendizaje”.

Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que todo aquello que no se practica o repite, se va olvidando. En lo referente a la memorización de contenidos es importante ser conscientes de la “Curva del olvido”.

Fuente: Presentación “Aprendiendo a aprender”. Héctor Ruiz Martín. 2020 (4)

La curva del olvido de Ebbinghaus trata de reflejar de una forma aproximada, que buena parte de la información que se estudia, se va olvidando paulatinamente con el paso del tiempo. Este hecho es inevitable. La clave entonces es conseguir reducir el ritmo con el que olvidamos y a la vez, consolidar o fortificar aquello que vamos aprendiendo. Este ritmo de olvido dependerá fundamentalmente de nuestras capacidades innatas, nuestro nivel de conocimiento previo sobre la materia y de las estrategias de aprendizaje que empleemos. Conforme repitamos el estudio o la práctica de aquello que queremos memorizar, más tiempo tardaremos en olvidarlo y más aprendizaje habremos consolidado, ya que como se señalaba anteriormente, cuanto más sabemos de algo, más sencillo es aprender conocimientos nuevos (4). Se irán creando “capas” de conocimiento conforme estudiemos nuevamente ese contenido. Es decir, a través de las famosas “vueltas” de estudio que todo opositor conoce es como se va consolidando una mayor cantidad de conocimiento debido a que cada vez perdemos (olvidamos) menos. (5)

Estrategias de aprendizaje

No obstante, pese a que los factores genéticos y ambientales nos condicionan, existen otros con los que podemos elevar nuestro rendimiento. Son las estrategias de aprendizaje.

Es cierto que la repetición es un aspecto clave del aprendizaje, pero en ocasiones se estudia leyendo y releyendo, sin apenas darle sentido a lo que se lee. Para que el aprendizaje sea significativo debemos pensar y reflexionar sobre aquello que se lee. Esto puede parecer obvio, pero Héctor Ruiz Martín, autor de los libros “¿Cómo aprendemos?”, “Aprender a aprender” y “Aprendiendo a aprender”, lo refleja con un ejemplo. Todos hemos visto en alguna ocasión un billete de 10 euros. Sin embargo, si ahora nos pidieran que tratáramos de dibujarlo, posiblemente seríamos incapaces. Es un tema de atención, apreciar los detalles, buscar vínculos y conexiones entre los mismos. No sabemos dibujar un billete de 10 euros porque no hemos llegado a ese nivel de atención. También es cierto que no nos ha hecho falta. Pese a ello, tal y como sostiene el autor, “aprendemos aquello sobre lo que pensamos. Aprendemos cuando tratamos de dar significado a aquello que estamos aprendiendo”.

En segundo lugar, es frecuente que muchos estudiantes lean y relean de manera repetitiva un mismo contenido. Aprenden algo hoy, lo olvidan en dos días y al tercero vuelven a estudiar lo mismo que ya han leído. Introducen un contenido y lo expulsan, sin que quede apenas nada almacenado sobre el mismo. Este procedimiento puede ser efectivo en el corto plazo, pero resulta ineficiente porque apenas consolida el conocimiento. Es mucho más adecuado estudiar algo un día y evocarlo posteriormente sin mirar al libro, antes de volverlo a leer o estudiar.

Fuente: Presentación “Aprender a aprender” (2)

 Aquí se muestran los resultados. Al grupo de estudiantes azul oscuro se les pidió que estudiaran dos veces seguidas un determinado contenido. Al grupo de estudiantes azul claro, se les pidió que estudiaran una vez y evocaran. Es decir, que trataran de acordarse de lo máximo posible sin volverlo a estudiar. Ambos grupos hicieron un examen a los 5 minutos de finalizar las sesiones de estudio. Los resultados reflejan que estudiar y estudiar es efectivo en el corto plazo. Está muy reciente. Sin embargo, con el paso de los días, al ser nuevamente examinados, aquellos estudiantes que habían hecho el esfuerzo de evocar o recordar lo estudiado se acordaban de un mayor contenido que aquellos que simplemente codificaron y estudiaron el mismo.

Este hecho también se contrasta mediante la práctica espaciada del contenido. Como se narraba al comienzo del artículo, es muy habitual que ante un examen, a muchos estudiantes les pille el toro y se vean obligados a masificar el estudio el día antes. Este hecho puede resultar efectivo (y milagroso) en el corto plazo. Sin embargo, espaciar el estudio del contenido mejora la consolidación del mismo.  Este hecho, combinado con la evocación, potencia el aprendizaje. Es decir, estudiar algo un día durante dos horas, y tratar de recordarlo al terminar la sesión y antes del comienzo de la siguiente, es más útil que estudiar todo en un día y exponerlo en un examen al día siguiente.

Fuente: Presentación “Aprender a aprender” (2)

            Como se observa en la tabla, aquellos estudiantes que han masificado el estudio el día antes o de forma inmediata al examen pueden obtener (a priori) mejores resultados en ese corto plazo. No obstante, aquellos que han espaciado adecuadamente el estudio, tienen un conocimiento más sólido del mismo a los dos días y su curva de olvido es menos pronunciada que la del resto.

Finalmente, junto con la práctica espaciada, cobra trascendencia “la práctica entrelazada” del contenido.

Fuente: Elaboración propia a partir de presentación “Aprender a aprender” (2)

Igualmente frecuente, es estudiar todo de forma continua o en bloque. De este modo, tal y como se muestra en la imagen, cada día se estudia y se repasa un mismo tema. Nuevamente, sosteniendo que este método es efectivo, y respetando las particularidades de cada cual, la práctica espaciada y entrelazada del contenido permite obtener mejores resultados de aprendizaje. Es cierto que, en las primeras vueltas de estudio, la curva de olvido actúa más rápido que en las posteriores. Por ejemplo, es mucho más costoso evocar (repasar) el tema 2 el día 3 que si lo evocamos el mismo día o al día siguiente. Sin embargo, cuanto más nos cuesta recordar algo, mayor capacidad de retención obtenemos al conseguirlo. Es decir, en los primeros intentos, será duro y frustrante comprobar el día 3 que no recordamos nada del tema 2. Sin embargo, conforme repitamos esta planificación iremos obteniendo un rendimiento más sólido y prolongado, como se muestra a continuación.

Fuente: Presentación “Aprender a aprender” (2)

 

Conclusiones

Por tanto, lo ideal sería una combinación de todas estas estrategias. Generalizando, y sin tener en cuenta el volumen y particularidad del temario, lo más adecuado es ir estudiando nuevos temas y repasar los anteriores, espaciando y entrelazando, permitiendo que actúe la curva del olvido y aumente la curva de aprendizaje. Es decir, estudiar el nuevo tema 4 y repasar el tema 1. Estudiar el nuevo tema 5 y repasar el tema 2. Y así, repitiendo el proceso. La tercera vez que acudamos al tema 1 tendremos un mayor recuerdo que en la primera ocasión. El objetivo es planificar y cumplir con el estudio de tal forma que, de forma previa al comienzo de los exámenes ya hallamos construido una capa de conocimiento previo notable (6).

Ahora bien, esto no es magia. Es duro y requiere trabajo, organización y disciplina. Sin embargo, equilibra las fuerzas e incrementa las opciones de éxito. Contra las capacidades innatas o nuestro pasado no podemos luchar. Sin embargo, el uso y noción de estrategias de aprendizaje y los buenos hábitos dependen de nuestra voluntad y es ahí donde nuestras acciones pueden superar nuestras creencias limitantes sobre si somos buenos o malos en algo. No se trata de ser el mejor. Somos muchos y siempre habrá alguien mejor, o quizá no. Pero lo fundamental es que sí podemos progresar y alcanzar una gran versión de nosotros mismos. Pero eso sí, que no se le olvide nunca a nuestro amigo que es desde el trabajo desde donde obtendrá oportunidades de éxito. Lo demás es humo y homeopatía.

 

Manu Antón.

Bibliografía y webgrafía

(1): Cuenta de Twitter VisualizeValue: https://twitter.com/visualizevalue

(2): Presentación del libro de Héctor Ruiz Martin “Aprender a aprender”. https://www.youtube.com/watch?v=EqCEbhHuTQs

(3): Entrevista a Héctor Ruiz Martín en el podcast Fitness Revolucionario https://www.ivoox.com/249-aprendiendo-a-aprender-hector-ruiz-audios-mp3_rf_64521063_1.html

(4): Presentación del libro de Héctor Ruiz Martín “Aprendiendo a aprender” https://www.youtube.com/watch?v=RetQ22HAXiM

(5): Curva del Olvido explicada por el preparador de oposiciones Francisco del Pozo, autor del libro “El método Wells” https://www.youtube.com/watch?v=yUZV5z3bOuk&list=PLm4zQCYUmta4XnUcnb7OLmWWKZPgpefrv&index=22

(6): Cómo funciona la oposición por Francisco del Pozo https://www.youtube.com/watch?v=XxRUK72WLVo&list=PLm4zQCYUmta4XnUcnb7OLmWWKZPgpefrv&index=25

Otras fuentes similares consultadas:

  • “¿Cómo Aprendemos?” Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza. Héctor Ruiz Martín (2020)
  • “Aprender a aprender”. Héctor Ruiz Martín (2020)
  • “El método Wells”. Francisco del Pozo (2020)
  • Entrevista a Héctor Ruiz Martín en el podcast Polymatas: https://www.ivoox.com/4-entre-polymatas-hector-ruiz-martin-como-audios-mp3_rf_71322307_1.html
  • Capítulo 66 del podcast “Píldoras de conocimiento”: Aprendizaje altamente efectivo: estrategias y claves

https://pildorasdelconocimiento.com/podcast/aprendizaje/

 

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