Cuando el final se acerca

Kathryn Mannix (2018): “Cuando el final se acerca”. Siruela

Kathryn Mannix es una doctora británica, que durante muchos años se ha dedicado a la medicina paliativa y, en consecuencia, atesora una valiosa experiencia en el tratamiento a pacientes incurables que afrontan los últimos momentos (días, semanas o meses) de vida. Como dice en su introducción, puede resultar extraño que, después de muchos años acompañando a agonizantes, alguien desee pasar aún más tiempo enfrascado en historias de moribundos. Es verdad que el común denominador de todos los relatos es la muerte de los protagonistas, pero es igualmente verdad que en todos ellos late una visión esperanzadora de ese desenlace y un enorme respeto por la dignidad de las personas. Niños, jóvenes o ancianos; nacionales o emigrantes; gentes de posición acomodada o personas con escasos recursos; creyentes o agnósticos; un elenco de personajes que, inicialmente, afrontan la muerte con miedo, angustia o dolor pero que, llegado el trance final, lo hacen sin sufrimiento y con tranquilidad de ánimo.

Se trata de un libro basado en hechos reales, en la propia experiencia de la autora que pasa de una estudiante inocente y asustada a una profesional experimentada y tranquilizadora. No se habla de historias clínicas sino de personas de carne y hueso, y en algunos casos pueden resultarnos familiares porque la muerte es inevitable, nos rodea a diario, y a veces nos toca muy cerca.

Puede haber personas que piensen que la sociedad occidental en la que vivimos rehúye la experiencia de la muerte, confinándola a los hospitales y tanatorios. El contacto con la muerte de décadas pasadas se ha ido perdiendo; hoy en día no se muere en casa sino en el hospital o en la residencia. El propósito de la autora es poner al lector ante estos hechos, que de alguna manera “experimente” (el entrecomillado es de Mannix) el final de nuestra vida, que sepa cómo afrontarlo, que anticipe la reacción de los familiares. Y, contrariamente a las apariencias, no es un libro lúgubre sino plenamente humano y abierto a la paz porque “tras encontrarme con la muerte miles de veces he llegado a la conclusión de que tenemos poco que temer y mucho que preparar”.

El libro se divide en secciones que, aunque pueden leerse por separado, llevan al lector en progresión desde el principio del proceso -como pueden ser los cambios físicos y la aparición de síntomas- pasando por los patrones de las distintas formas de agonía hacia conceptos más abstractos como el sentido que tiene la transitoriedad de la vida y el valor de lo que realmente nos importa. A lo largo de sus páginas desfila una galería de personajes con los que podemos identificarnos: el director de instituto que solucionaba problemas ahora convertido en un hombre en silla de ruedas a quien hay que solucionarle todo, el adolescente aficionado al fútbol con un cáncer en la cadena de nódulos linfáticos, la novia que asiste a su boda con un avanzado cáncer de mama, o la enferma que solo quiere morir a tiempo para que su familia pueda disfrutar de unas merecidas vacaciones. En cualquier caso, un canto a la vida para leer, para meditar y para no olvidar.

Félix J. López Iturriaga

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