El ángel de Grozni

Asne Seierstad (2008): El ángel de Grozni. MAEVA (288 páginas)

Asne Seierstad se ha ganado a pulso un prestigio indiscutible como corresponsal en lugares tan conflictivos como Afganistán, Irak o Kosovo. No solo relata los conflictos bélicos, sino que presenta su cara más humana y, probablemente, más dolorosa. Así sucede en esta obra, en la que nos aproxima a las consecuencias de las dos guerras de Chechenia que, a pesar de no contar con cifras oficiales, se puede afirmar que dejaron casi 150.000 muertos (la mayor parte civiles) y medio millón de desplazados.

Para escribir este libro, Asne Seierstad pasó dos años en Chechenia, oculta de las autoridades. El libro constituye un mosaico de una polifacética realidad en la que no se puede utilizar las etiquetas de buenos o malos en sentido estricto, sino que existe toda una galería de víctimas de la guerra, algunas de las cuales empuñan armas y otras son apuntadas por esas armas. Es una historia de conflictos raciales, de limpiezas étnicas, de odio y venganza, pero también de ejemplos de humanidad y de valentía. 

Hadizat es una mujer chechena cuyo padre murió cuando ella tenía cuatro años y a cuya madre apenas conoció. Hadizat creció y sufrió los malos tratos de un orfanato soviético en los años sesenta y ahora es un ángel en Grozni, la capital de Chechenia, una de las repúblicas que constituyen la Federación Rusa. Ayudada por Malik (otro ángel de Grozni), ha convertido su casa en un punto de acogida de niños abandonados. En un país en el que las estadísticas oficiales afirman que no hay orfanatos pues no hay necesidad de ellos, la tarea de Hadizat y Malik es una gota de esperanza en un océano de violencia.

Hadizat constituye el punto de referencia de un libro por el que desfilan todos los personajes afectados por la guerra, en un claro intento de la autora por ser objetiva: desde Ramzán Kadirov, presidente de la República, a los huérfanos de la guerra que viven en las calles y cuyo pasatiempo es matar a los perros vagabundos; desde la madre del soldado ruso que gasta todos sus ahorros en ir a buscar a su hijo después de que un ataque a su convoy le deje ciego, a los skinheads que en Rusia agreden a los peatones con rasgos caucásicos; desde los chechenos torturados por las autoridades rusas hasta los “guerreros” chechenos que luchan contra los invasores rusos. Seierstad ha entrado en las casas, en los cuarteles, en los edificios gubernamentales, en los orfanatos, en las chabolas, en los tribunales; ha paseado por las calles de Grozni o de Moscú y ha caminado por las montañas chechenas; ha viajado encapuchada u oculta.

Félix J. López Iturriaga


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