Masculino. Fuerza, eros, ternura

Mariolina Ceriotti Migliares (2019): “Masculino. Fuerza, eros, ternura”. Rialp

Neurosiquiatra infantil, psicoterapeuta para adultos y parejas, y madre de seis hijos, Migliarese complementa con esta obra su anterior “Erótica y materna. Un viaje al universo femenino”. Se trata de un libro profundo, sencillo, enriquecedor y de fácil lectura (128 páginas) en el que afronta la posible crisis de la masculinidad que vivimos en nuestro tiempo.
La creciente y legítima presencia femenina en todos los ámbitos de la sociedad ha podido venir acompañada de un detrimento de la masculinidad. Así planteadas, las relaciones entre sexos parecen conducir al conflicto, permanente contraposición e, incluso, a la enemistad. La autora aboga por una verdadera comprensión de la masculinidad que realce la complementariedad entre sexos y el mutuo entendimiento.
No se trata de difuminar o “asexuar” las características constitutivas del varón como son la agresividad, el espíritu competitivo o la potencia. Bien encauzada, la agresividad es fuente de energía que le lleva a superarse, a implicarse en empresas difíciles. Por el contrario, desprovisto de ella el hombre que se repliega en sí mismo pierde el sentido de su propia misión y se vuelve frágil. Se entiende así que la educación de los hijos varones requiera de un equilibrio entre la influencia materna y paterna. Mientras las madres tienden a sintonizar principalmente con las frecuencias emotivas del hijo, los padres tienden a empujarlos a lanzarse, a ponerse a prueba y atreverse. En consecuencia, los padres han de realizar una tarea semejante a la del entrenador deportivo, hacerles creer en sus posibilidades y estimularles para que las expresen al máximo. Por su parte, a las madres corresponde perder el miedo a la fragilidad de sus hijos y reclamar a sus maridos una mayor atención a los hijos, pues el acceso del hijo al mundo de los hombres pasa por otros hombres.
La potencia constituye una característica nuclear de la identidad masculina. Se trata de una potencia en sentido amplio, que no es fin en sí misma, sino un medio para contribuir a la construcción de los demás. El hombre necesita que toda la energía vital que siente bullir en él, pueda encontrar un modo apropiado de expresarse. Y el reto al que se enfrenta (él y las mujeres que lo rodean) es cómo dirigir adecuadamente esa potencia para no agotarse en una profesión que simplemente permita obtener el dinero para vivir o garantizarse una vida rica y acomodada.
Dar este tipo de seguridad exige una notable capacidad de dominio sobre las propias emociones, tan cambiantes. Al contrario de lo que pueda parecer, el hombre que transmite un sentido de seguridad y protección no es el que se cree o parece ser más fuerte que los demás, sino el que está dotado de mayor realismo, el que es más consciente de las dificultades y el que tiene el valor de reconocer sus propios límites. Solo de esta manera puede llegar a ser verdaderamente fiable.
En definitiva, estamos ante una lectura amena, enormemente realista, apta para todos los lectores independientemente de su edad o sexo, que deja huella y que se puede aconsejar e, incluso, regalar.

Félix J. López Iturriaga


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