¿Dónde están? Exceso de mortalidad femenina y mujeres perdidas

En algunos países, especialmente dentro del grupo de los llamados en desarrollo, la ratio de mujeres-hombres es sospechosamente baja. Este hecho ha dado lugar a que, hace ya 30 años, Amartya Sen acuñara el término de “mujeres perdidas” [1]. En ausencia de esta desigualdad de género en términos de supervivencia, las estimaciones más conservadoras [2] calcularon que alrededor de 60 millones de mujeres más estarían vivas en estas regiones.

Antes de empezar con la discusión habría que definir qué ratios de mortalidad mujeres-hombres hacen pensar que las mujeres están muriendo de forma “excesiva”. Desde el punto de vista de la demografía natural de una población, de media nacen más hombres que mujeres, pero esta brecha se va reduciendo posteriormente debido a distintos factores. En los países desarrollados, la esperanza de vida de las mujeres supera a la de los hombres en unos 5-8 años, y sus tasas de mortalidad son menores en todos los grupos de edad. Las principales explicaciones son tanto biológicas como sociales: la superior mortalidad masculina se explica en parte por más altas tasas de fumar, beber, conducción temeraria, homicidios o suicidios y en parte por ventajas biológicas de las mujeres

El resultado de estos dos hechos debería ser una proporción prácticamente igual de hombres y mujeres en el total de la población. Sin embargo, en grandes áreas de Asia (especialmente China o India) o de Europa del Este, la ratio hombres-mujeres se encuentra alrededor de 1.06 (frente a 0.96-0.98 en los países desarrollados). ¿Qué significa este resultado?

Veamos primero cómo se calcula el número de “mujeres perdidas”. Cualquier intento de medición del exceso de mortalidad femenina emplea un contrafactual. En el caso de Sen, se estima el número de mujeres perdidas calculando el número de mujeres adicionales que habría habido en el país objeto de estudio (China, India…) si este país tuviera la ratio hombres-mujeres que existe en aquellas áreas del mundo donde el trato a ambos sexos es más igualitario. Anderson y Ray [3] realizan el mismo ejercicio desagregando por grupos de edad y por grupos de edad/enfermedades (de esta forma, pueden observar si el número de mujeres perdidas se ve influido por la mortalidad materna o por las diferentes etapas del proceso de transición epidemiológica en que se encuentran países desarrollados y países en desarrollo), con algunos cambios menores en la metodología.

Los resultados de Anderson y Ray son alarmantes:  el número de mujeres perdidas sólo en el año 2000 es de 1.712.000 en India, 1.727.000 en China y 1.526.000 en África Sub Sahariana. No obstante, como se puede observar en el gráfico inferior su distribución por grupos de edad es muy diferente.

Distribución de las mujeres perdidas por grupo de edad (en %)

 

Como ejemplo, se puede observar en el gráfico (eje de abscisas representa edad y eje de ordenadas representa % del total de mujeres perdidas) que un 37% del total de las mujeres perdidas en China se encuentran en el grupo de edad 0, lo que implica que en el momento del nacimiento la ratio hombres-mujeres en china es especialmente alta, evidenciando un problema de discriminación prenatal (aborto selectivo…).

Ahora bien, ¿cuáles son las causas de este fenómeno? El problema del exceso de mortalidad femenina existía ya en la Europa del siglo XVIII [4] y parece estar ligado tanto a formas de discriminación directa e indirecta como al más reducido acceso de las mujeres a los recursos dentro del hogar.

Como se ha mencionado previamente, el caso de China es claro: que más del 35% de las mujeres perdidas en el año 2000 se encuentren en el nacimiento es un indicador de aborto selectivo. Otras causas del exceso de mortalidad femenina son menos evidentes. Por mencionar alguna, la llamada regla de la parada (o stopping rule), relacionada con la preferencia por los hijos varones, incrementa la mortalidad femenina incluso en ausencia de cualquier otro tipo de discriminación.

En este caso, cuando la preferencia por los hijos se manifiesta bajo la forma de la regla de la parada (las familias continúan teniendo hijos hasta que un determinado número de hijos varones se alcanza), la mortalidad femenina aumenta debido a que las hijas acaban teniendo más hermanos menores y, por tanto, las mujeres nacerán en familias relativamente más numerosas (mientras que el tener un hijo varón implica que los padres están una unidad más cerca de su objetivo, tener una hija requiere el nacimiento de un hijo varón más para compensar)[1]. Si la competencia fraternal por los recursos dentro del hogar desemboca en más altas tasas de mortalidad, esto se traduce en que, a nivel agregado, la tasa de mortalidad femenina sería superior incluso si mujeres y hombres reciben el mismo trato dentro de los hogares. Baland et al., [5] calculan que el número de mujeres que mueren bajo la regla de la parada debido al incremento de la competencia fraternal por los recursos escasos dentro del hogar puede llegar a explicar hasta más del 20% de la mortalidad infantil femenina en países como Armenia o Azerbaiyán.

La identificación y eliminación de cualquier forma de discriminación, tanto directa como indirecta, es de crucial importancia para la construcción de sociedades justas. En esta breve entrada hemos revisado cómo detrás de las diferencias en las ratios hombres-mujeres entre distintos países del mundo se esconde una realidad preocupante, que es preciso ir corrigiendo. Además, incluso en aquellas situaciones en las que, aparentemente, el trato a mujeres y hombres es idéntico, puede observarse un exceso de mortalidad femenina. Hay que tratar de encontrar, cuanto antes, al mayor número de mujeres perdidas.

 

Pablo Álvarez

[1] Una demostración formal de que la regla de la parada implica que las mujeres tendrán un mayor número de hermanos puede encontrarse en Baland et al., [5] o en Basu y De Jong [6].


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