De este
modo titula Yves Thréard, director adjunto de Le Figaro, un editorial publicado recientemente.
No hace falta que lo transcriba, todos estamos en condiciones de saber de qué puede tratar un texto así titulado. Y va, como no podía ser de otro modo, de cómo, quienes él denomina avatares de Marx, -Marx está muerto, pero no así sus avatares que se han ocupado de enterrarlo y ocultarlo, pero no de olvidarlo y superarlo- pretenden reescribir la historia, borrar al hombre (masculino) de la humanidad, eliminar la diferencia de sexos y gritar su odio a la civilización occidental; esa precisamente que les dio y les da de comer en el sentido más amplio de la palabra: desde lo material a lo intelectual y cultural. El marxismo es un fruto occidental, punto.
El marxismo parece muerto, pero está más vivo que nunca y amenaza nuestra civilización, implacable e incansablemente. Nada nuevo bajo el sol pues esta ha sido su razón de ser desde sus orígenes. Lo llaman revolución, que ahora suena muy romántico y vendría a ser como ponerse una camiseta del Che, pero ellos saben que de romántico no tiene nada.
La receta de esta nueva estrategia revolucionaria es muy articulada, pero simple, e incluye la ruina y el subsidio masivos. Se ejecuta ante nuestros ojos y asistimos impávidos, indefensos, dejando hacer. Con una frivolidad que refleja la derrota de Occidente. Optamos por cerrarnos en nuestros círculos de confianza más próximos, pensando que eso nos protegerá, que siempre dispondremos de capacidad, también económica, para decidir dónde iré de vacaciones, qué médico elegiré o a qué colegio llevaré a mis hijos, con quién me relacionaré y relacionaré a los míos; sin darnos cuenta de que todo eso, en el siguiente paso de su proceso revolucionario, también desaparecerá.
El proceso no excluye el insulto, la ejecución pública con las acusaciones, ya típicas pero cada vez más huecas de significado y cargadas de burla, de: fascista, machista, racista y venga más istas… que todo es poco cuando el enemigo asoma demasiado la cabeza.
Y esto no es algo casual o circunstancial de España. Como se ha dicho, se glosa aquí un artículo publicado en Francia. Todo esto que nos circunda obedece a algo perfectamente programado y diseñado por alguien, para lograr algo y a escala internacional: no es casual que en todo Occidente se hable de lo mismo, en los mismos términos, se criminalice y se invisibilicen las mismas ideas y se fijen las dianas con idéntica sistemática.
Por supuesto que estas son sus ilusiones y aspiraciones, pero como los camaradas no entienden el significado profundo de las leyes inmutables e imperecederas de la naturaleza y la libertad, los batacazos históricos que se han llevado son tremendos (Rusia, China, Cuba, Venezuela, Corea, Camboya, Vietnam, descolonizaciones africanas…), eso sí, después de haber ocasionado no poco dolor, destrucción y muerte.
Les contaré, sin detalles para no revelar personas ni instituciones afectadas, una experiencia pasada. Hace un tiempo organicé un acto para acompañar las celebraciones del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, como es de todos conocido. Pues bien, determinados grupos, asociaciones o partidos, pusieron el grito en el cielo. Las invitadas que acudían no contaban con el “certificado de pureza de sangre” que, al parecer, debe ser necesario para celebrar este día. Todo al más puro estilo inquisitorial. Presionaron, hicieron todo lo posible por su supresión, denigraron, rastrearon cual sabuesos, solicitaron la supresión de ayudas a las que tenía derecho… ¿Qué hay detrás de esas actitudes? Puro y duro sectarismo. El Día Internacional de la Mujer habremos de llamarlo en adelante el Día de la Mujer Marxista. Hay que invisibilizar lo que no me gusta, perseguirlo, aniquilarlo. Lo que hay que hacer en estas celebraciones lo consideran monopolio y nada debe moverse fuera del radar. Totalitarismo, sectarismo y pensamiento único dirigido y controlado.
Conmigo que no cuenten y llámenme como quieran que, viniendo de quienes viene, se puede considerar como un elogio y un triunfo. Y han logrado que esta posición cada vez está más extendida. De hecho, como este año se ha visto, en redes se han difundido mucho expresiones del tipo: “Mujeres así no me representan”. Y así es ideologizadas.
Pedro Pablo Ortúñez
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